"Tenemos un nuevo hogar"
Sus camas, almohadas, mascotas, sus abuelos, tíos, son las cosas y personas que extrañan los jóvenes que participan en los talleres que imparte el Servicio Jesuita a Refugiados. Así lo escribieron en sus cuadernos de ejercicios sabatinos. José, relató que no pudo traer su almohada, ni su perro. Al igual, que Violeta que dejó su pequeña perrita Sofi.
Para muchos esto sería poco, sin embargo para ellos es un tesoro que han dejado atrás al salir de su patria para resguardar sus vidas. A sus recuerdos llegan el olor de su almohada y su cama, les crea nostalgia de su hogar, lleno de risas y lágrimas. En su almohada descansaron sus travesuras de niño y soñaron sus aventuras. Con su mascota compartieron juegos y secretos, así lo detallan al leer sus notas a sus compañeros.
Luis escribe sobre su pueblo Capurganá, ubicado en el departamento del Chocó, Colombia, cerca de la frontera colombo-panameña. Recuerda el mar, su comida y su gente, dice que hay días que los recuerda mucho.
Elizabeth explicó lo difícil que fueron sus primeros años en Panamá. "Ahora mis compañeros de escuela han madurado y no me discriminan", sentenció. "Era etiquetada por ser colombiana y me apartaban de los grupos". Ahora describe en sus notas que tiene amigos y sus profesores están atentos para no permitir esas acciones. Mientras Violeta una Guatemalteca dice que gracias a Dios no la han discriminado durante el tiempo vivido en Panamá, "tengo muchos amigos".
Elizabeth, al igual que los otros jóvenes, manifiestan que en Panamá han encontrado una nueva patria y amigos, sin dejar de querer lo que dejaron atrás, su terruño. Aquí les gusta el chicheme (leche con maíz), la ciudad y la escuela.
Resaltaron, que lo principal, es que sienten paz y seguridad. "Nada es perfecto, pero nuestros padres están más tranquilos, aunque no haya mucho dinero, siempre sale un trabajito", escriben en sus cuadernos de apuntes: Elizabeth, José, Juan Felipe, Angie Paola, Valerin y Anibal.
En el espacio joven del Servicio Jesuita a Refugiados participan 35 niños y jóvenes de diferentes nacionalidades e incluso traen a panameños que son compañeros de escuela para que participen de las capacitaciones y compartan las tradiciones, culturas y anécdotas. Hay un intercambio de experiencias, ellos aprenden algo de nuestras naciones y nosotros (refugiados) de Panamá que es ahora nuestro segundo hogar.