jueves, 6 de agosto de 2015

Niñez refugiada en Panamá


 


          Niñez refugiada en Panamá


 



“Somos felices, a pesar de lo poco que tenemos en este país que nos acogió”, asegura Shelsy (12 años). Niña refugiada colombiana.

 

Autor: Odalis Orozco

Fotografía de Portada: Armando Escapa y Odalis Orozco


SJR Panamá

Oficina Nacional de Panamá. Calle Ecuador y av. Justo Arosemena. Edificio Arcia, oficina 302, Calidonia,

ciudad de Panamá.

Tel. 225-4604

Directora: Ana Lorena Alfaro

Correo electrónico: direccion @sjr-panama.org

Este es un documento institucional, no está destinado a uso comercial ni a su venta. Se pueden hacer copias del documento para difusión. Se permite su uso parcial o total siempre que se cite la fuente.

 

Introducción


La violencia que se genera en Colombia y países centroamericanos ha cambiado la vida de muchos niños, niñas y adolescentes que residen en Panamá, luego de que sus familias migraron forzadamente en busca de seguridad. Sienten que se les ha arrancado de sus raíces, de igual manera, han tenido que madurar más rápido, se sienten confundidos sobre su identidad, a qué patria amar, sobre sus acentos, culturas y entre otros cambios y adaptaciones a los que se han enfrentado.
El Servicio Jesuita a Refugiado (SJR) Panamá recogió las historias de niños, niñas y Adolescentes (NNA) que son migrantes vulnerables, población en necesidad de protección internacional (PNPI) y refugiados que asisten a los talleres y actividades psicosociales que se realizan en el Centro de acompañamiento desde el año 2012 a julio del 2015, se atendieron 811 NNA, de ellos, se les dio un seguimiento continuo a 200.  El 90% son de nacionalidad colombiana, el otro 10% restante es de El Salvador, Honduras y Guatemala.

El SJR Panamá recogió las voces de  NNA  a través de entrevistas individuales en presencia de sus padres. Igualmente, se recolectó información durante de los talleres en los que han participado durante el acompañamiento del SJR y que, a su vez, han permitido la construcción de un blog [1]  donde muchos escribieron sus vivencias, sus viajes y estadía en Panamá.
A pesar de que los NNA no entienden sobre políticas migratorias, sí han aprendido sobre su estatus migratorio irregular, las deportaciones, la discriminación; sobre cómo la violencia que existe en el país donde nacieron le ha dado vuelta a sus vidas, alejándolos de sus seres amados y sus objetos preciados.
Lo importante no es el lugar donde estén, sino con quién, aseguran los NNA quienes sólo son felices y se sienten protegidos con sus madres. Muchos tuvieron la experiencia de estar separados de ellas, por varios años, lo que les ha dejado marcas muy profundas a pesar que estuvieron con abuelos amorosos,  según plantean sus relatos.
Foto: Armando Escapa

Algunos de los NNA entrevistados hicieron travesías muy duras para estar en Panamá. Se dan casos en que, por ser varios hermanos, los pasajes superaban la realidad económica de los padres, así que su viaje no fue en avión. Se trasladaron por días en buses, piraguas y lanchas.  Pasaron noches en hoteles o dormían donde pudieran e, inclusive, viajaban de noche para ahorrar estadías.
Los niños en necesidad de protección internacional son invisibles en Panamá, no existe registros de ellos y ellas, si sus padres no son acogidos en el país bajo el estatus de refugiado o adoptan otros estatus migratorios. Ellos, viven una infancia sin documento por las precariedades que vive la familia, la prioridad en la familia es documentar a los adultos.

En el tema educativo, aún existen falencias en la integración de los niños y niñas al sistema escolar. Si llegan sin documentos por escapar de la violencia,  sus derechos a la integración al sistema educativo se limitan, al punto de que, aunque terminen los estudios, no pueden obtener un título que los acredite como graduados. A través de los relatos de los NNA conoceremos la realidad en la que viven en Panamá.

En sus cuadernos están sus historias, sueños y metas. Foto: Odalis Orozco

                                  Contexto panameño

Panamá es tierra de sueños de muchos, sin embargo, la realidad en la que viven las personas en necesidad de protección internacional y refugiados en sus primeros años es difícil y, aún más, cuando están irregulares. El país canalero, ha tenido un crecimiento económico que lo ha posicionado como  uno de los más altos de Latinoamérica durante la década reciente. Con un crecimiento promedio del PIB en el 2013 de 7.9% y un estimado del 7.3% en 2014, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)[2] anunció que la economía panameña ha crecido en 5.95 durante el primer trimestre del 2015 y se espera cierre con 6%. La ampliación del Canal de Panamá y una serie de megaproyectos han inyectado mayor vitalidad a la economía y se espera la impulsen a crecer de manera sostenida.
Esto ha volteado las miradas de muchas personas de la región y del mundo hacia Panamá, y lo ven como un país para la inversión o la búsqueda de seguridad económica y empleo. Además, es visto como un lugar seguro para vivir por muchos migrantes, en especial aquellos que escapan de la violencia de sus países, como en el caso de Colombia y Centroamérica. Así mismo, Panamá también es un lugar de paso para la población africana, asiática y cubana en su camino hacia el norte (Estados Unidos y Canadá).
De enero a noviembre de 2014, el Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT) ha registrado la llegada de 7, 084 migrantes irregulares en el área fronteriza entre Panamá y Colombia. De ellos, 5,269 son cubanos, 766 de Nepal, 552 de Bangladesh, 289 de Somalia, 65 de Ghana, 37 de Eritrea y 106 de otras nacionalidades (información suministrada por el SENAFRON). Muchos otros ingresan al país de manera irregular por mar, utilizando lanchas que los transportan tanto por el atlántico como por el pacifico desde las zonas fronterizas de Colombia hacia Panamá.
El papá de la pequeña solicitó refugio en el aeropuerto Internacional de Tocumen. Provenían del continente africano. La mamá  de la niña solicitó refugio en Brasil.
 
En ese recorrido también vienen niños. Personal del  SJR Panamá estuvo en  Puerto Obaldía, poblado fronterizo del lado panameño, en el mes de septiembre, sitio de paso de migración cubana y se pudo percatar de la presencia de niños de edad de 2 años a 5 años. También algunas féminas, manifestaron estar comenzando un embarazo y tuvieron  conocimiento ya iniciada la travesía. Es un trayecto peligroso cruzar de Panamá a Colombia.

El padre de la pequeña procedente de continente africano se albergaron el Hogar Luisa (Centro para Migrantes)


El país aún no tiene una política migratoria clara, a pesar que se  han realizado 15 ferias migratorias (Crisol de Razas)[3]  para poder legalizar la situación de muchas personas que vivían en el país de manera irregular, estás han sido cuestionadas por sectores políticos y civiles, porque no existen  propuestas sociales diseñadas[4] para estos nuevos flujos poblacionales. Hasta el momento se ha legalizado 60, 896 extranjeros durante los cuatro años que duró esta iniciativa[5].

Igualmente, se ha creado un clima de confrontación en redes sociales entre panameños y visitantes[6]. Los nacionales plantean que los que llegan son irrespetuosos con su cultura e idiosincrasia y los migrantes que los panameños son xenofóbicos[7].
Lo cierto es que los ganadores son los empresarios inescrupulosos y el crimen organizado que obtienen mano de obra barata. La política migratoria no clara y la falta de permisos de trabajo trae consigo el abuso laboral y trata de personas con fines laborales[8].

La desigualdad económica en el país se mantiene relativamente alta (coeficiente Gini de 0.53 en 2011) y persisten desafíos para la provisión pública de servicios sociales. Todavía  existe la desigualdad para los niños y niñas de las comunidades indígenas, que tienen significativamente menos acceso a servicios básicos como  educación, electricidad y saneamiento que otros niños y niñas en zonas rurales o urbanas.
Ante esta situación, en el país puente del mundo y corazón del universo, como se le llama, se han creado programas para reducir la pobreza e incrementar el acceso a los servicios. Ejemplo de ello es el programa de transferencias monetarias condicionadas Red de Oportunidades[9], mediante el cual se da US$50 al mes a las madres más pobres para que sus hijos vayan a la escuela y reciban servicios básicos de nutrición y salud. Asimismo,  el Programa Beca Universal[10] que otorga una beca mensual de US$20 a 550 mil estudiantes inscritos en escuelas públicas y estudiantes elegibles de centros privados, entre otros. Sin embargo estos programas solo pueden ser disfrutados por la población panameña.
De acuerdo al informe presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre el Índice de Desarrollo Humano para Panamá,[11] el país  destina el 8.8% del presupuesto total del sector público a la educación, un porcentaje bastante alto en relación con otros países de la región.
Ahora bien, en materia de refugio en Panamá y de acuerdo a las cifras suministradas por la Oficina Nacional para la Atención del Refugiados, en el país se han reconocido a 2, 271 refugiados y 1,402 están en espera que se analicen sus solicitudes para el reconocimiento del refugio. De las  cifras de refugiados solo el 14%  (318) son niños y niñas, en edades de 2 meses a 17 años.



Aproximadamente, más del 85% de los refugiados viven en áreas urbanas como la Provincia de Colón en donde se ubican en la ciudad o áreas aledañas; en Panamá, se focalizan en el distrito de Panamá y San miguelito; y en Panamá Oeste se ubican en Arraiján y la Chorrera. Para muchos es difícil pagar los arrendamientos en el centro de la ciudad, los costos superan los $500 balboas por un pequeño apartamento. Muchas familias se tienen que agrupar para poder costearlos. Otros, simplemente, se mudan a la periferia de la ciudad, pero aun así, sin trabajo es difícil y están con sus hijos trasladándose de una vivienda a otra.
 

Muchos de los padres de NNA que están en proceso para ser admitidos como refugiados, desisten al proceso por ser largo (de 2 a 3 años). Durante el  tiempo de espera a ser admitidos a refugio, no existe permiso de trabajo, por lo que muchos aplicaron a la amnistía del Crisol de Razas para poder obtener el permiso y legalizarse. Sus hijos quedaron fuera debido a que la preocupación de los adultos en ese momento era estar legalizados para poder laborar. En consecuencia, los menores de edad quedaron en la irregularidad y en la  invisibilidad, aunque estén escolarizados.
Las migraciones o solicitudes de refugio de menores no acompañados son baja según informes de la Secretaría de Niñez y Familia que lleva un bajo registró oficial. En su mayoría, los menores en necesidad de protección internacional, refugiados y migrantes vulnerables, entran al país con algunos de sus padres[12]. En temas de migrantes no acompañados, la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) ha atendido, en lo que va del 2015, a sietes menores de edad procedentes de diversos países del mundo.
Idalia Martínez, directora general del SENNIAF, explicó que Panamá cumple con entregar un   kit de primera necesidad a NNA migrantes no acompañados. Enfatizó la funcionaria que la entidad ha cumplido con las debidas atenciones psicológicas y asistencias técnicas que corresponden.  Además, adelantó que existe una coordinación de acción regional para niños y adolescentes migrantes no acompañados que recibe la entidad.

En cuanto a las atenciones de migrantes no acompañados, actualmente en la base de datos de la SENNIAF reposan siete expedientes en lo que va del 2015, 16 del 2014 y 3 del 2013. En el 2015 fueron hallados en la selva del Darién dos menores uno proveniente de  Ghana y el otro de Nepal[13].

Panamá ratificó en 1990 la  Convención de los Derechos del Niño[14] de 1989 donde se define el término “niño” de forma más precisa: “[…] un niño es todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.”


Sus Historias
Los niños y niñas migrantes y refugiados en Panamá hablan sobre sus vidas en este nuevo país, y manifiestan que su opinión no fue tomada en cuenta para viajar. Algunos desconocían las urgencias de sus padres de alejarse de su país, solo les plantearon que era un paseo. Lo jóvenes manifiestan que hubieran querido que se les dijera la verdad.
De un día para otro, se encuentran fuera de su casa, de su vecindad y de su país. En otra ciudad, en otra escuela, en otro país. 
Para muchos, tal como lo señalan varios en las entrevistas, no saben el porqué de la guerra, narcotráfico, ni de las políticas adoptadas en sus países. No obstante, les ha tocado palparla, y quemarse con el fuego abrazador de ella, que le ha dejado heridas con cicatrices gruesas, mientras otros siguen  aún con llagas abiertas. Sin embargo, se levantan para seguir la senda,  soñando con un mejor futuro y, con pasos firmes, caminan el presente, erguidos a pesar del dolor.
No culpan a Dios de su destino o lo pasado. Están convencidos de que solo ellos lograran mejorar lo que viene delante, en el presente y futuro, claro, con la fe puesta en Él.
 
Muchos de los NNA se han visto obligados a perder un día de clase porque sus padres no tienen con qué darles de comer o pagar el transporte por no tener el permiso de trabajo o al no conseguir un empleo. En sus países esto ocurría también pero por motivos de seguridad y los constantes desplazamientos, situación que los hacia perder un año de clases. Esto lo resienten.


Comprenden y tienen una idea clara de lo que le ocurre a su familia, y esto le da la fortaleza para levantarse. Pareciera que sus heridas los hacen madurar más rápidos, sin perder la ingenuidad, honestidad y trasparencia de lo que son: niños. Quieren jugar, dibujar, cantar, bailar, ir todos los días a la escuela, contar historias, llevar una vida normal como niños y niñas.
El Servicio Jesuita a Refugiado entrevistó y realizó diferentes dinámicas que llegaron a más de 200 jóvenes que fueron arrancados de sus raíces cuando éstas apenas empezaban  a amarrarse a la tierra que los vio nacer para afianzarse a otra con la esperanza de que los deje desarrollarse y dar frutos.

 
Así de confiada está Chelsea, de 14 años, de poder crecer segura en la nueva patria. “Hoy no tenemos mucho, sin embargo, somos felices. He aprendido apreciar lo que tengo, tener a mi familia nuevamente reunida y mis padres sin miedo”. Ella dice extrañar a sus amigos, al perro y, en ocasiones, a su hermosa cama de Barbie trabajada en madera por su abuelo. Igualmente extraña su habitación, porque ahora le toca compartir una colchoneta con sus hermanas; las noches se tornan largas y en una lucha para no tocar el suelo frio y duro.
No obstante, las comodidades ya no le interesan a Chelsea, pues ella dice levantarse cada mañana feliz; sueñan con los amaneceres, ella y sus dos hermanas corren al patio trasero a ver los pájaros que llegan a un árbol lleno de ramas sin hojas. Son pájaros con picos de hermosos colores dice la más pequeña: “como las películas, son tucanes”, aseguró.


“Cuando llegamos a Panamá estaba asustada, no teníamos las misma comodidades. Viví en una casa de un cuarto, los baños estaban afuera, y decían que había pandilleros. Todo era feo y diferente, pero estaba mi mamá y mi papá. Mis hermanas y yo pasamos un año sin ellos en Colombia, viajaron sin nosotras, no pudimos acudir a las escuelas, porque nos decían que era peligroso”, relata Sharon, de 12 años, hermana de Chelsea.

La joven explica que ha sido difícil el cambio para ellas y sus padres, pese a esto, las cosas han mejorado, pues tienen una pequeña casita. Aclaró que no con las mismas comodidades que en Colombia, pero que lo importante es que acá son más felices como familia.
“La crisis y los problemas ayudaron a que mis padres fueran más unidos. Todos fuimos el apoyo del otro” recalcó.
Chelsea y sus hermanas estudian en planteles educativos distintos. Ella asiste al séptimo grado. Tienen excelentes calificaciones y han logrado integrarse con sus compañeros de clases. Dice que al comienzo fue difícil adaptarse, pero ellas mismas ponían los obstáculos pensando que serían rechazadas. Fue lo contrario.
Por su parte, a Fernando le ha tocado crecer y no llorar, para secar las lágrimas de su padre y apoyar a su familia para el sustento diario.  En más de una oportunidad, se le ha visto con una sonrisa y con palabras sabias calmarle la desesperanza a su papá cuando se queda sin empleo por causa de no tener papeles de trabajo, porque se le llevaron la mercancía en los operativos Municipales, o por los motivos que los alejaron de su patria. Dejó los estudios un año antes de llegar a Panamá, producto del desplazamiento interno dentro de su país.  Acá logró entrar en una escuela por módulos: el Instituto Panameño por Radio (IPER) para poder terminar sus estudios.

En el IPER se le realizó un examen de nivelación que es avalado por el Ministerio de Educación panameño. En las escuelas regulares no está contemplado hacer exámenes de nivelación a los niños que no traen documentos, lo que lo dejaba fuera del sistema educativo.

Él tiene claro lo que quiere: ser un gran músico. A tres años de haber llegado a este nuevo país, nada lo ha detenido para lograr ese gran sueño; ahora en el Conservatorio Nacional ya visualiza que camina hacia lo que quiere, y aquello que lo hizo huir a él y a su familia de Colombia no lo detendrá.

Fernando es parte del grupo de salsa del Conservatorio Nacional. Foto: Odalis Orozco
Así mismo, piensa una pequeña niña de 12 años, que hoy se regocija en su nueva escuela. Su madre la dejó con sus dos hermanos en casa de sus abuelos en Colombia, por tres años. Sus padres se vinieron huyendo a Panamá. Camila dice que contaba con todo el amor de sus viejitos, pero eso no llenaba el vacío de no tener a sus padres.  En el proceso de traslado perdió un año de clases, sus padres la trajeron un año a Panamá, luego regresó a Colombia, para nuevamente regresar. Fue una situación que la puso muy mal.
 La primera vez, le fue mal con sus compañeros de clases, que se burlaban de ella con frases discriminatorias por su acento y de dónde provenía. Regresó a Colombia, la tristeza de alejarse de su mamá fue terrible; prefería los insultos, menos estar lejos de mamá. En su segunda venida le fue mejor, en su nueva escuela ya no ocurre lo mismo, está en una escuela pública católica y sus compañeros la tratan bien. Ni siquiera su religión ha sido problema, asegura.

Para sus padres es importante que Camila estudie. Relatan que muchas veces no hay qué comer ni pasaje para ir al colegio. Se ven obligados a escoger entre  un día sin nada en el estómago y el pasaje y las tareas. Mientras, el papá y la mamá van a bregar en busca del sustento para el otro día o algo que llevarse de comer a la boca en la noche. Con entusiasmo explicó que vivían en el campo, contrario aquí, había siempre algo de comer, porque había dónde sembrar. Viven un cuarto alquilado, en la ciudad de Colón. Sin embargo, dice que no cambia nada su felicidad de estar al lado de sus padres, porque ahora, pesé a las dificultades económicas, están más tranquilos…“no hay sobresaltos”, dice la niña mientras sonríe.
La luchas por no perder la identidad

En la provincia de Colón, los niños pierden totalmente sus acentos característicos de las diferentes regiones colombianas, unos más marcados que otros. Aquí se funden entre el cantito del colonense, una provincia ya con acentos mezclados producto de tanta migración afrocaribeña, y una mezcla de inglés y creole. Además, copian las expresiones propias de la costa caribeña panameña.
Para los NNA que atiende el SJR Panamá, copian esas características  porque son bien recibidos, la gente es amable, y no es egoístas. Así definen a quienes cooperan con la estadía de ellos sin abusos, tal como lo dicen sus padres. Manifiestan que no hay muchos problemas para integrarse.


En la Provincia de Colón, según informes del Ministerio Público, operan 42 pandillas, en su mayoría en el distrito de Colón. En sus barrios viven muchos NNA que son PNPI (Personas con necesidad de protección internacional) que consideran que aun así viven con más tranquilad que en sus pueblos natales de Colombia. Además,  sus padres tienen trabajo en esta ciudad  portuaria y comercial.
Juan llegó a Panamá pequeño, hoy tiene 17 años. Al preguntarle cómo está, contesta “estoy chilin”, es decir, está tranquilo. No ha tenido problemas con sus estudios debido a que su madre trajo la documentación de sus cursos en Colombia. Así que entró al colegio sin complicaciones.
Juan vive en Portobelo, un poblado histórico de la época colonial, en la provincia de Colón. Es un sitio tranquilo, rodeado de monumentos y el mar. La pobreza rodea el pueblo, pero su gente es rica en cariño para los extraños, así lo visualiza él.
Asiste a la escuela en la mañana, en la tarde coopera con su padre como peón en una finca cercana. Para poder ganarse el pan, “todos tenemos que cooperar en casa”. Valoran la tranquilidad en la que viven, ve lejano aquellos días de miedo y zozobra que vivían sus padres. Sí quiere ver Colombia, solo de visita, no para vivir, y considera  a Panamá como su segunda patria.
Lo mismo piensa Evelyn, que vino de dos años en una travesía por mar y tierra desde Pereira con su madre. Ella mantiene ese acento propio de esa región porque, según explicó, su madre no deja que lo pierda.
Al comienzo de 2015 viajó a conocer Colombia, pero no se sintió en su patria, sabía que era de allí, sin embargo, a las dos semanas quería regresar a Panamá. “Solo quiero ir a Colombia de visita”, explica. Evelyn es refugiada, dice que en Panamá nunca había sentido discriminación por su nacionalidad, contrario ahora que ante el aumento de las migraciones, les recuerdan que es colombiana.
Los NNA solo quieren jugar, estudiar y ser felices.

Para ella fue muy triste leer las peleas en las redes sociales entre panameños y extranjeros, no sabía qué bando escoger. Dice con ingenuidad: “soy de aquí y de allá”. Para ella, es comprensible la realidad de muchos de los migrantes, en especial de los colombianos que vienen a buscar protección, como su familia que vino en busca de seguridad y mejores días. Pero también dice ponerse en el zapato de los panameños, porque todo se ha puesto caro y a nadie le gusta que hablen mal de su patria. “Respeto y tolerancia es lo que falta a todos”, indicó.

Sin embargo, los que vinieron más grandecitos sí sueñan con visitar a su patria o regresar.

Así lo sueñan cuatro hermanos que llegaron adolescentes y quieren regresar a su patria, aunque manifestaron que, a pesar de las limitaciones económicas que enfrenta su padre, vendedor de helados, ellos son felices en Panamá.
El tercero de los hermanos (son dos niñas y dos varones) pudo formar parte de Padrino empresario, un programa del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), que es una alternativa para dar seguimiento a jóvenes adolescentes que laboran para apoyar a sus familias, sin salirse del sistema escolar. Este programa es monitoreado por trabajadores sociales del MIDES y para que se garantice la seguridad del menor de edad trabajador.

Algunos adolescentes  estudian a través de clases por módulos.  Foto: Odalis Orozco
Los hermanos Hurtado, debido a los constantes desplazamientos internos en Colombia, Ecuador  y luego en Venezuela, no pudieron nunca culminar sus estudios o avanzar de grados, lo que les dificultó su entrada a cursar estudios en un colegio. Además, su edad no iba acorde con el grado.

Ellos entraron al IPER, hoy han avanzado cuatro niveles de estudio; tenían deficiencia en escritura, lectura y matemáticas, ahora en cambio, pueden realizar sus operaciones matemáticas, leen y escriben mejor.
Este logro escolar ha ayudado a su integración con otros chicos y en las metas trazadas. Su arreglo personal, que anteriormente era descuidado, ha mejorado un 100%.
La timidez la han dejado atrás. Ana María, la hermana mayor de las niñas, dice que esto es porque su color en Panamá no es un problema. Ser desplazados los ponía, además, en un estrato social que aquí en Panamá no funciona.
Ella se siente discriminada cuando empieza a hablar y escuchan su acento, pero culpa a sus paisanos porque muchas veces no respetan la patria que los acoge. “Cuando empiezan a decir que Panamá es feo y todo es malo me alejo, porque no tengo de qué quejarme y debo respetar”, explicó.
Los Hurtados viven en un sitio área roja en Panamá, sin embargo, aseguran que es más fácil vivir allí que en Soacha, Colombia.
Manifiestan que en Panamá han tenido mayor oportunidad de avanzar y encontrar manos amigas que los apoyen. Aunque hacen la salvedad de que su mayor dificultad es que su papá está irregular, y a su hermano mayor, por ser un joven de 20 años,  en la Oficina Nacional para la Atención al Refugiado (ONPAR) no le dan seriedad a su trámite al exponer el caso. De hecho, el hermano mayor relató que al renovar su carta de solicitud de refugio, al verlo, la secretaria le puso haitiano y no colombiano. Además, insiste en que durante la entrevista que le realizaron, la funcionaria no recogió lo que él realmente narraba.
José, un niño de 12 años, dice sentirse triste; tiene pocos meses de estar en Panamá, dejó a su perrito Dester Eugenio en su país natal, Colombia. Su madre le dijo que se quedaría por un corto tiempo en Panamá, pero el tiempo transcurre y él sigue en un país dónde  no termina de adaptarse
Para él, la única culpable del viaje es su madre, que la persiguen unos hombre malos y eso le ha traído problemas en Colombia. Señala que se le mintió al decirle que solo irían de paseo y regresaban antes del cumpleaños, pero esto no fue así. Finalmente, su madre le explicó que por seguridad se habían mudado del país, pero según él, ya lo sospechaba.
A la madre se le pedía vacuna por un pequeño Salón de Belleza que tenía como su medio de vida. José se integra a una nueva escuela en Panamá mientras recuerda a los amigos de su unidad residencial y los del colegio. En Panamá, le ha sido difícil conseguir amigos en la escuela, en cambio donde vive actualmente ha podido integrarse a sus vecinos para poder ser parte del equipo de fútbol. Al contrario, para Iván y Kevin, dos jóvenes salvadoreños, es maravilloso estar en Panamá, pues rápidamente se han integrado a los grupos juveniles de la iglesia de su barrio y a otras actividades con adolescentes del vecindario.
En el país de origen de estos dos menores de edad, ellos estuvieron encerrados en casa por casi un año, sin poder asistir a clases; fue algo frustrante para Iván y Kevin, cuyos padres tuvieron que viajar a Panamá, buscando seguridad ante la situación de violencia que se vive en San Salvador.



Taller sobre buen uso de las redes sociales.

Estos dos jóvenes  eran amenazados, inclusive en sus planteles escolares, para ser reclutados por las pandillas de su país. Sus padres, ante esta situación, vendieron su vivienda y lo poco que tenían para empezar en un nuevo sitio con seguridad para sus hijos. Hoy, el mayor de los hermanos trabaja y asiste a una escuela nocturna para ayudar a sufragar los gastos de la casa. El menor fue becado por directivos de un colegio católico, así que empezó el año escolar sin contratiempos.
Muchos NNA buscan un espacio seguro para poder hacer amigos y compartir. Esto les ayuda a integrarse mejor a su nuevo país de acogida.

Campaña de hospitalidad en las escuelas.

El 98% de los NNA que participan en los talleres del SJR Panamá asisten a los centros escolares. Foto Armando Escapa

Conclusión


Cada una de estas historias muestra a niños, niñas y adolescentes marcados por el dolor, con sus avances y retrocesos mientras de adaptan a un entorno distinto al que estaban acostumbrados, y aun así, han demostrado valentía para enfrentar la vida sin mirar atrás, solo para hacer acopio de fuerzas que les dé esperanza de que todo será mejor.
Así hacen frente a su destino  Fernando, Ana María, Chelsea, José, Juan, Camila y cada uno de los menores de edad entrevistados. Así, con tanta seguridad y fuerza en su voz que estremece, y más cuando hablan los NNA más grandes, que han vivido tanto, y no les será tan fácil olvidar como los más pequeños.

Los NNA que llegan a nuestras oficinas muestran, así como sus padres, un gran deseo de seguir adelante, olvidar el pasado, mirar al futuro.


Sus rostros expresan alegría y ganas de vivir, a pesar de que sabemos que existe una gran cortina de humo que ensombrece su futuro en Panamá y en sus países.
Con los talleres psicosociales, en redes sociales, blog, reforzamiento escolar y cultura de paz, en cada proceso llevado a cabo por el SJR Panamá se ha podido visualizar cambios y avances en los chicos. Desde mejorar su escritura, pasando por sus boletines que registran el avance en sus calificaciones escolares porque hoy saben sumar, restar, hasta llegar a lo más importante: su integración, y ya no solo en el espacio seguro del SJR Panamá.

Ahora participan de actividades en las parroquias o iglesias de su comunidad, están en equipos deportivos y tienen grupos de amigos panameños. Ahora, no solo tienen a los amigos hechos en los espacios del SJR, que fue difícil porque traían consigo diferencias por la cultura regional, racial y religiosa que pudieron superar allí.
Al acompañar y defender los derechos de las NNA colombianos y de la región centroamericana, el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) apuesta a la vida, al futuro, a la esperanza. A la posibilidad de construir una sociedad donde todos y todas, independientemente de su estatus migratorio y su nacionalidad, tengan acceso a sus derechos fundamentales sin discriminación. Una sociedad hospitalaria donde los niños puedan desarrollarse sin contratiempo y con la calidad de vida que se merecen.




La educación de los Niños y niñas y adolescentes en situación de refugio, una tarea por resolver en Panamá.

Por: Ana Lorena Alfaro  M.

Más de la mitad de la población de refugiados que acompaña el SJR Panamá son niños. Los niños refugiados son, en primer lugar y antes que nada, niños y, como niños, necesitan una atención especial. Como refugiados, están particularmente expuestos a los riesgos que conllevan la inseguridad y los cambios bruscos que viven en su huida del país de origen que marcan con intensidad creciente la etapa posterior de su vida. El acompañamiento a esta población, no debe ser opcional, es fundamental su atención  y protección.

El SJR Panamá, dirige programas a la población infantil en situación de refugio en la  ciudad de Panamá, Colón, y en su momento en Darién. A través de cuatro años de acompañamiento constante, hemos podido entender la situación de esta población, cuáles son sus necesidades, sus problemas y sus deseos.
La educación es un derecho universal de todos los niños. Sin embargo el ejercicio pleno de este derecho para los NNA en situación de refugio que viven en Panamá, todavía no ha sido alcanzado. El ingreso a la escuela para un refugiado es relativamente fácil, sin embargo la continuidad y permanencia es un camino largo y frustrante. El Ministerio de Educación requiere a los estudiantes extranjeros, presentar los títulos y acreditaciones escolares del país de origen originales apostillados para poder avanzar el año. Muchas niñas y niños, no cuentan con estos documentos, ya que el hecho de la huida no da el tiempo a los padres de procurárselos. El camino a la conquista de este derecho depende de la decisión de las autoridades competentes, que se decidan a dar un paso tan simple como el de adoptar una normativa que provea de un examen de nivelación para definir el año de ingreso al centro educativo.
 

El poder cursar estudios superiores es muy difícil, la deserción es alta y la necesidad de procurar recursos a sus casas, hace que los niños ingresen al mercado laboral.  Allí quedan expuestos a diferentes tipos de abusos, que muchas veces  comprometen su integridad física, sobre todo las niñas, ya que se encuentran en un proceso de crecimiento y desarrollo que depende, en buena medida, de las condiciones de su entorno y de la protección de los adultos para que dicho proceso sea adecuado. En este sentido, es importante reconocer, en todos los ámbitos familiar, comunitario, nacional, que las niñas y los niños son personas cuyos derechos deben ser respetados y promovidos, y que necesitan ser protegidos de toda forma de abuso y explotación.

Otro tema muy importante se vincula al estatus migratorio de las niñas y niños. Cuando el estado rechaza la solicitud de la condición de refugiado a una familia, sus integrantes quedan en un limbo legal y deben buscar una alternativa migratoria para la regularización. Pero, el esfuerzo por legalizarse no es conseguido por todos. La falta de una categoría migratoria que facilite la regularización de estas familias es el primer obstáculo. Por lo tanto las niñas, niños y adolescentes quedan indocumentados y así viven su infancia; al llegar a la mayoría de edad quedan en situación de extrema vulnerabilidad y hasta pueden ser deportados.

La iniciativa de hacer un informe de la situación de los niños en situación de refugio, surge del deseo del equipo del Servicio Jesuita a Refugiados Panamá de compartir el contexto en el que viven los niños, niñas y adolescentes (NNA) solicitantes y refugiados con los que compartimos el día a día. Es fruto de la compilación de experiencias recogidas en el trabajo cotidiano de nuestras oficinas, trabajo de campo, de la información que brindan los relatos de los padres de los NNA solicitantes y refugiados, informaciones periodísticas, fuentes oficiales, materiales de consulta e investigaciones en el campo y entrevistas realizadas a las autoridades y sobre todo las voces de cada niña, niño y adolescente al que hemos acompañado.



 

Bibliografía



Blog Humanum. “Informe Índice de Desarrollo Humano Panamá 2014.”. Disponible en: http://www.revistahumanum.org/blog/indice-de-desarrollo-humano-panama-2014/


 


El Mundo. “Desarticulan banda criminal dedicada a la trata de personas”. Noticia emitida el 24 de junio de 2015.Disponible en: http://elmundo.sv/panama-desarticulan-banda-criminal-dedicada-a-la-trata-de-personas/


 


La Estrella. “Crisol de Razas vuelve, pero con nuevo nombre”. Noticia emitida el 23 de mayo de 2015. Disponible en: http://laestrella.com.pa/panama/nacional/crisol-razas-vuelve-pero-nuevo-nombre/23867867

 

La Estrella. “Prefieren extranjeros para no pagar seguro”. Noticia emitida el 8 de junio de 2015. Disponible en: http://laestrella.com.pa/panama/nacional/prefieren-extranjeros-para-pagar-seguro/23871513

 

La Estrella. “Zulay Rodríguez: Los migrantes no tramitan permisos para esperar la feria”. Noticia emitida el 8 de junio de 2015. Disponible en:http://laestrella.com.pa/panama/nacional/zulay-rodriguez-migrantes-tramitan-permisos-para-esperar-feria/23868568

 

La Prensa. “MEF: Economía de Panamá creció 5.9% en el primer trimestre”. Noticia emitida el 15 de junio de 2015.Disponible en: http://www.prensa.com/economia/MEF-Economia-Panama-primer-trimestre_0_4232576947.html#sthash.CxGf756i.dp

La Prensa. “Xenofobia caldea el debate en la Asamblea Nacional. Consulta Electrónica”. Noticia emitida el 24 de febrero de 2015.Disponible en:http://www.prensa.com/politica/Xenofobia-caldea-debate-Asamblea-Nacional_0_4148585326.html

 

La Prensa. “Formalizan petición de deportación para venezolanos”. Noticia emitida el 27 de febrero de 2015.Disponible en. http://www.midiario.com/uhora/nacionales/formalizan-petici%C3%B3n-de-deportaci%C3%B3n-para-venezolanos

TVN2. Hallan a dos menores de Nepal y Ghana en la selva darienita. Noticia emitida el 29 de diciembre de 2014. http://www.tvn-2.com/nacionales/Hallan-menores-Nepal-Ghana-darienita_0_4106589429.html




[2]Comparar La Prensa. Tema de búsqueda: “MEF: Economía de Panamá creció 5.9% en el primer trimestre”. Consulta Electrónica.
[3] Comparar La Estrella. Tema de búsqueda: Crisol de Razas vuelve, pero con nuevo nombre. Consulta Electrónica.
[4] Comparar La Estrella. Tema de búsqueda: Prefieren extranjeros para no pagar seguro. Consulta Electrónica.
[5] Comparar La Estrella. Tema de búsqueda: Zulay Rodríguez: Los migrantes no tramitan permisos para esperar la feria. Consulta Electrónica.
[6] Comparar La Prensa. Tema de búsqueda: Xenofobia caldea el debate en la Asamblea Nacional. Consulta Electrónica.
[7] Comparar La Prensa. Tema de búsqueda: Formalizan petición de deportación para venezolanos. Consulta Electrónica.
[8] Comparar El Mundo. Tema de búsqueda: Desarticulan banda criminal dedicada a la trata de personas. Consulta Electrónica
[11] Comparar Blog Humanum. Tema de búsqueda: Informe Índice de Desarrollo Humano Panamá 2014. Consulta Electrónica
 
[12] Panamá en su legislación migratoria no plantea la deportación a menores de edad.
 
[13] Comparar TVN2. Tema de búsqueda: Hallan a dos menores de Nepal y Ghana en la selva darienita. Consulta Electrónica