Niñez refugiada en Panamá
“Somos felices, a pesar de lo poco que tenemos en este país
que nos acogió”, asegura Shelsy (12 años). Niña refugiada colombiana.
Autor: Odalis Orozco
Fotografía de Portada: Armando Escapa y Odalis Orozco

SJR Panamá
Oficina
Nacional de Panamá. Calle Ecuador y av. Justo Arosemena. Edificio Arcia,
oficina 302, Calidonia,
ciudad de
Panamá.
Tel. 225-4604
Directora:
Ana Lorena Alfaro
Correo
electrónico: direccion @sjr-panama.org
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documento institucional, no está destinado a uso comercial ni a su venta. Se
pueden hacer copias del documento para difusión. Se permite su uso parcial o
total siempre que se cite la fuente.
Introducción
La violencia que se genera en Colombia y países centroamericanos ha
cambiado la vida de muchos niños, niñas y adolescentes que residen en Panamá,
luego de que sus familias migraron forzadamente en busca de seguridad. Sienten
que se les ha arrancado de sus raíces, de igual manera, han tenido que madurar
más rápido, se sienten confundidos sobre su identidad, a qué patria amar, sobre
sus acentos, culturas y entre otros cambios y adaptaciones a los que se han
enfrentado.
El Servicio Jesuita a Refugiado (SJR) Panamá recogió las historias de
niños, niñas y Adolescentes (NNA) que son migrantes vulnerables, población en
necesidad de protección internacional (PNPI) y refugiados que asisten a los
talleres y actividades psicosociales que se realizan en el Centro de acompañamiento
desde el año 2012 a julio del 2015, se atendieron 811 NNA, de ellos, se les dio
un seguimiento continuo a 200. El 90%
son de nacionalidad colombiana, el otro 10% restante es de El Salvador,
Honduras y Guatemala.
El
SJR Panamá recogió las voces de NNA a
través de entrevistas individuales en presencia de sus padres. Igualmente, se recolectó
información durante de los talleres en los que han participado durante el
acompañamiento del SJR y que, a su vez, han permitido la construcción de un
blog [1]
donde muchos escribieron sus vivencias,
sus viajes y estadía en Panamá.
A pesar de que los NNA no entienden sobre políticas migratorias, sí han aprendido
sobre su estatus migratorio irregular, las deportaciones, la discriminación; sobre
cómo la violencia que existe en el país donde nacieron le ha dado vuelta a sus
vidas, alejándolos de sus seres amados y sus objetos preciados.
Lo importante no es el lugar donde estén, sino con quién, aseguran los
NNA quienes sólo son felices y se sienten protegidos con sus madres. Muchos
tuvieron la experiencia de estar separados de ellas, por varios años, lo que
les ha dejado marcas muy profundas a pesar que estuvieron con abuelos
amorosos, según plantean sus relatos.
Algunos de los NNA entrevistados hicieron travesías muy duras para estar en Panamá. Se dan casos en que, por ser varios hermanos, los pasajes superaban la realidad económica de los padres, así que su viaje no fue en avión. Se trasladaron por días en buses, piraguas y lanchas. Pasaron noches en hoteles o dormían donde pudieran e, inclusive, viajaban de noche para ahorrar estadías.
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| Foto: Armando Escapa |
Algunos de los NNA entrevistados hicieron travesías muy duras para estar en Panamá. Se dan casos en que, por ser varios hermanos, los pasajes superaban la realidad económica de los padres, así que su viaje no fue en avión. Se trasladaron por días en buses, piraguas y lanchas. Pasaron noches en hoteles o dormían donde pudieran e, inclusive, viajaban de noche para ahorrar estadías.
Los niños en necesidad de protección internacional son invisibles en
Panamá, no existe registros de ellos y ellas, si sus padres no son acogidos en
el país bajo el estatus de refugiado o adoptan otros estatus migratorios. Ellos,
viven una infancia sin documento por las precariedades que vive la familia, la
prioridad en la familia es documentar a los adultos.
En el tema educativo, aún existen falencias en la integración de los
niños y niñas al sistema escolar. Si llegan sin documentos por escapar de la
violencia, sus derechos a la integración
al sistema educativo se limitan, al punto de que, aunque terminen los estudios, no
pueden obtener un título que los acredite como graduados. A través de los
relatos de los NNA conoceremos la realidad en la que viven en Panamá.
| En sus cuadernos están sus historias, sueños y metas. Foto: Odalis Orozco |
Contexto panameño
Panamá es tierra de sueños de muchos, sin embargo, la realidad en la que
viven las personas en necesidad de protección internacional y refugiados en sus
primeros años es difícil y, aún más, cuando están irregulares. El país
canalero, ha tenido un crecimiento económico que lo ha posicionado como uno de los más altos de Latinoamérica durante
la década reciente. Con un crecimiento promedio del PIB en el 2013 de 7.9% y un
estimado del 7.3% en 2014, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)[2] anunció que la
economía panameña ha crecido en 5.95 durante el primer trimestre del 2015 y se
espera cierre con 6%. La
ampliación del Canal de Panamá y una serie de megaproyectos han inyectado mayor
vitalidad a la economía y se espera la impulsen a crecer de manera sostenida.
Esto ha
volteado las miradas de muchas personas de la región y del mundo hacia Panamá, y
lo ven como un país para la inversión o la búsqueda de seguridad económica y
empleo. Además, es visto como un lugar seguro para vivir por muchos migrantes,
en especial aquellos que escapan de la violencia de sus países, como en el caso
de Colombia y Centroamérica. Así mismo, Panamá también es un lugar de paso para
la población africana, asiática y cubana en su camino hacia el norte (Estados
Unidos y Canadá).
De enero a noviembre de 2014, el Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT)
ha registrado la llegada de 7, 084 migrantes irregulares en el área fronteriza
entre Panamá y Colombia. De ellos, 5,269 son cubanos, 766 de Nepal, 552 de
Bangladesh, 289 de Somalia, 65 de Ghana, 37 de Eritrea y 106 de otras
nacionalidades (información suministrada por el SENAFRON). Muchos otros
ingresan al país de manera irregular por mar, utilizando lanchas que los
transportan tanto por el atlántico como por el pacifico desde las zonas
fronterizas de Colombia hacia Panamá.
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| El papá de la pequeña solicitó refugio en el aeropuerto Internacional de Tocumen. Provenían del continente africano. La mamá de la niña solicitó refugio en Brasil. |
En ese recorrido también vienen niños. Personal del SJR Panamá estuvo en Puerto Obaldía, poblado fronterizo del lado
panameño, en el mes de septiembre, sitio de paso de migración cubana y se pudo
percatar de la presencia de niños de edad de 2 años a 5 años. También algunas
féminas, manifestaron estar comenzando un embarazo y tuvieron conocimiento ya iniciada la travesía. Es un
trayecto peligroso cruzar de Panamá a Colombia.
El país aún no tiene una política migratoria clara, a pesar que se han realizado 15 ferias migratorias (Crisol de Razas)[3] para poder legalizar la situación de muchas personas que vivían en el país de manera irregular, estás han sido cuestionadas por sectores políticos y civiles, porque no existen propuestas sociales diseñadas[4] para estos nuevos flujos poblacionales. Hasta el momento se ha legalizado 60, 896 extranjeros durante los cuatro años que duró esta iniciativa[5].
| El padre de la pequeña procedente de continente africano se albergaron el Hogar Luisa (Centro para Migrantes) |
El país aún no tiene una política migratoria clara, a pesar que se han realizado 15 ferias migratorias (Crisol de Razas)[3] para poder legalizar la situación de muchas personas que vivían en el país de manera irregular, estás han sido cuestionadas por sectores políticos y civiles, porque no existen propuestas sociales diseñadas[4] para estos nuevos flujos poblacionales. Hasta el momento se ha legalizado 60, 896 extranjeros durante los cuatro años que duró esta iniciativa[5].
Igualmente, se ha creado un clima de confrontación en redes sociales entre panameños y visitantes[6]. Los nacionales plantean que los que llegan son irrespetuosos con su cultura e idiosincrasia y los migrantes que los panameños son xenofóbicos[7].
Lo cierto es que los ganadores son los empresarios inescrupulosos y el crimen organizado que obtienen mano de obra barata. La política migratoria no clara y la falta de permisos de trabajo trae consigo el abuso laboral y trata de personas con fines laborales[8].
La desigualdad económica en
el país se mantiene relativamente alta (coeficiente Gini de 0.53 en 2011) y
persisten desafíos para la provisión pública de servicios sociales. Todavía existe la desigualdad para los niños y niñas
de las comunidades indígenas, que tienen significativamente menos acceso a
servicios básicos como educación, electricidad
y saneamiento que otros niños y niñas en zonas rurales o urbanas.
Ante esta situación, en el
país puente del mundo y corazón del universo, como se le llama, se han creado programas
para reducir la pobreza e incrementar el acceso a los servicios. Ejemplo de
ello es el programa de transferencias monetarias condicionadas Red de
Oportunidades[9], mediante el cual se da US$50 al mes a las madres
más pobres para que sus hijos vayan a la escuela y reciban servicios básicos de
nutrición y salud. Asimismo, el Programa Beca
Universal[10] que otorga una beca mensual
de US$20 a 550 mil estudiantes inscritos en escuelas públicas y estudiantes
elegibles de centros privados, entre otros. Sin embargo estos programas solo
pueden ser disfrutados por la población panameña.
De
acuerdo al informe presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) sobre el Índice de Desarrollo Humano para Panamá,[11] el país destina el 8.8% del presupuesto total del sector público a la
educación, un porcentaje bastante alto en relación con otros países de la región.
Ahora
bien, en materia de refugio en Panamá y
de acuerdo a las cifras suministradas por la Oficina Nacional para la Atención
del Refugiados, en el país se han reconocido a 2, 271 refugiados y 1,402 están en
espera que se analicen sus solicitudes para el reconocimiento del refugio. De
las cifras de refugiados solo el 14% (318) son niños y niñas, en edades de 2 meses
a 17 años.
Aproximadamente, más del 85% de los refugiados viven en áreas urbanas
como la Provincia de Colón en donde se ubican en la ciudad o áreas aledañas; en
Panamá, se focalizan en el distrito de Panamá y San miguelito; y en Panamá
Oeste se ubican en Arraiján y la Chorrera. Para muchos es difícil pagar los
arrendamientos en el centro de la ciudad, los costos superan los $500 balboas
por un pequeño apartamento. Muchas familias se tienen que agrupar para poder
costearlos. Otros, simplemente, se mudan a la periferia de la ciudad, pero aun
así, sin trabajo es difícil y están con sus hijos trasladándose de una vivienda
a otra.
Muchos de los padres de NNA que están en proceso para ser admitidos como refugiados, desisten al proceso por ser largo (de 2 a 3 años). Durante el tiempo de espera a ser admitidos a refugio, no existe permiso de trabajo, por lo que muchos aplicaron a la amnistía del Crisol de Razas para poder obtener el permiso y legalizarse. Sus hijos quedaron fuera debido a que la preocupación de los adultos en ese momento era estar legalizados para poder laborar. En consecuencia, los menores de edad quedaron en la irregularidad y en la invisibilidad, aunque estén escolarizados.
Las migraciones o solicitudes de refugio de menores no acompañados son
baja según informes de la Secretaría de Niñez y Familia que lleva un bajo
registró oficial. En su mayoría, los menores en necesidad de protección
internacional, refugiados y migrantes vulnerables, entran al país con algunos
de sus padres[12].
En temas de migrantes no acompañados, la
Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) ha atendido, en
lo que va del 2015, a sietes menores de edad procedentes de diversos países del
mundo.
Idalia
Martínez, directora general del SENNIAF, explicó que Panamá cumple con entregar un kit de
primera necesidad a NNA migrantes no acompañados. Enfatizó la funcionaria que
la entidad ha cumplido con las debidas atenciones psicológicas y
asistencias técnicas que corresponden. Además, adelantó que existe una coordinación
de acción regional para niños y adolescentes migrantes no acompañados que
recibe la entidad.En cuanto a las atenciones de migrantes no acompañados, actualmente en la base de datos de la SENNIAF reposan siete expedientes en lo que va del 2015, 16 del 2014 y 3 del 2013. En el 2015 fueron hallados en la selva del Darién dos menores uno proveniente de Ghana y el otro de Nepal[13].
Panamá ratificó en 1990 la Convención de los Derechos del Niño[14] de 1989 donde se define
el término “niño” de forma más precisa: “[…] un niño es todo ser humano
menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea
aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.”
Sus Historias

Sus Historias
Los
niños y niñas migrantes y refugiados en Panamá hablan sobre sus vidas en este
nuevo país, y manifiestan que su opinión no fue tomada en cuenta para viajar.
Algunos desconocían las urgencias de sus padres de alejarse de su país, solo les
plantearon que era un paseo. Lo jóvenes manifiestan que hubieran querido que se
les dijera la verdad.
De un día
para otro, se encuentran fuera de su casa, de su vecindad y de su país. En otra
ciudad, en otra escuela, en otro país. Para muchos, tal como lo señalan varios en las entrevistas, no saben el porqué de la guerra, narcotráfico, ni de las políticas adoptadas en sus países. No obstante, les ha tocado palparla, y quemarse con el fuego abrazador de ella, que le ha dejado heridas con cicatrices gruesas, mientras otros siguen aún con llagas abiertas. Sin embargo, se levantan para seguir la senda, soñando con un mejor futuro y, con pasos firmes, caminan el presente, erguidos a pesar del dolor.
No
culpan a Dios de su destino o lo pasado. Están convencidos de que solo ellos
lograran mejorar lo que viene delante, en el presente y futuro, claro, con la
fe puesta en Él.
Muchos
de los NNA se han visto obligados a perder un día de clase porque sus padres no
tienen con qué darles de comer o pagar el transporte por no tener el permiso de
trabajo o al no conseguir un empleo. En sus países esto ocurría también
pero por motivos de seguridad y los constantes desplazamientos, situación que
los hacia perder un año de clases. Esto lo resienten.Comprenden y tienen una idea clara de lo que le ocurre a su familia, y esto le da la fortaleza para levantarse. Pareciera que sus heridas los hacen madurar más rápidos, sin perder la ingenuidad, honestidad y trasparencia de lo que son: niños. Quieren jugar, dibujar, cantar, bailar, ir todos los días a la escuela, contar historias, llevar una vida normal como niños y niñas.
El
Servicio Jesuita a Refugiado entrevistó y realizó diferentes dinámicas que llegaron
a más de 200 jóvenes que fueron arrancados de sus raíces cuando éstas apenas
empezaban a amarrarse a la tierra que
los vio nacer para afianzarse a otra con la esperanza de que los deje
desarrollarse y dar frutos.
Así de confiada está Chelsea,
de 14 años, de poder crecer segura en la nueva patria. “Hoy no tenemos
mucho, sin embargo, somos felices. He aprendido apreciar lo que tengo, tener a
mi familia nuevamente reunida y mis padres sin miedo”. Ella dice extrañar a sus
amigos, al perro y, en ocasiones, a su hermosa cama de Barbie trabajada en
madera por su abuelo. Igualmente extraña su habitación, porque ahora le toca compartir
una colchoneta con sus hermanas; las noches se tornan largas y en una lucha
para no tocar el suelo frio y duro.
No obstante, las comodidades ya no le interesan a Chelsea, pues ella
dice levantarse cada mañana feliz; sueñan con los amaneceres, ella y sus dos
hermanas corren al patio trasero a ver los pájaros que llegan a un árbol lleno
de ramas sin hojas. Son pájaros con picos de hermosos colores dice la más
pequeña: “como las películas, son tucanes”, aseguró.“Cuando llegamos a Panamá estaba asustada, no teníamos las misma comodidades. Viví en una casa de un cuarto, los baños estaban afuera, y decían que había pandilleros. Todo era feo y diferente, pero estaba mi mamá y mi papá. Mis hermanas y yo pasamos un año sin ellos en Colombia, viajaron sin nosotras, no pudimos acudir a las escuelas, porque nos decían que era peligroso”, relata Sharon, de 12 años, hermana de Chelsea.
La
joven explica que ha sido difícil el cambio para ellas y sus padres, pese a
esto, las cosas han mejorado, pues tienen una pequeña casita. Aclaró que no con
las mismas comodidades que en Colombia, pero que lo importante es que acá son
más felices como familia.
“La
crisis y los problemas ayudaron a que mis padres fueran más unidos. Todos
fuimos el apoyo del otro” recalcó.
Chelsea
y sus hermanas estudian en planteles educativos distintos. Ella asiste al séptimo
grado. Tienen excelentes calificaciones y han logrado integrarse con sus
compañeros de clases. Dice que al comienzo fue difícil adaptarse, pero ellas
mismas ponían los obstáculos pensando que serían rechazadas. Fue lo contrario.
Por
su parte, a Fernando le ha tocado crecer y no llorar, para secar las lágrimas
de su padre y apoyar a su familia para el sustento diario. En más de una oportunidad, se le ha visto con
una sonrisa y con palabras sabias calmarle la desesperanza a su papá cuando se
queda sin empleo por causa de no tener papeles de trabajo, porque se le
llevaron la mercancía en los operativos Municipales, o por los motivos que los
alejaron de su patria. Dejó los estudios un año antes de llegar a Panamá,
producto del desplazamiento interno dentro de su país. Acá logró entrar en una escuela por módulos: el
Instituto Panameño por Radio (IPER) para poder terminar sus estudios. En el IPER se le realizó un examen de nivelación que es avalado por el Ministerio de Educación panameño. En las escuelas regulares no está contemplado hacer exámenes de nivelación a los niños que no traen documentos, lo que lo dejaba fuera del sistema educativo.
Él tiene claro lo que quiere: ser un gran músico. A tres años de haber
llegado a este nuevo país, nada lo ha detenido para lograr ese gran sueño;
ahora en el Conservatorio Nacional ya visualiza que camina hacia lo que quiere,
y aquello que lo hizo huir a él y a su familia de Colombia no lo detendrá.
Así mismo,
piensa una pequeña niña de 12 años, que hoy se regocija en su nueva escuela. Su
madre la dejó con sus dos hermanos en casa de sus abuelos en Colombia, por tres
años. Sus padres se vinieron huyendo a Panamá. Camila dice que contaba con todo
el amor de sus viejitos, pero eso no llenaba el vacío de no tener a sus padres. En el proceso de traslado perdió un año de
clases, sus padres la trajeron un año a Panamá, luego regresó a Colombia, para
nuevamente regresar. Fue una situación que la puso muy mal.
| Fernando es parte del grupo de salsa del Conservatorio Nacional. Foto: Odalis Orozco |
La primera vez, le fue mal con sus compañeros
de clases, que se burlaban de ella con frases discriminatorias por su acento y
de dónde provenía. Regresó a Colombia, la tristeza de alejarse de su mamá fue terrible;
prefería los insultos, menos estar lejos de mamá. En su segunda venida le fue
mejor, en su nueva escuela ya no ocurre lo mismo, está en una escuela pública
católica y sus compañeros la tratan bien. Ni siquiera su religión ha sido
problema, asegura.
Para sus padres es importante que Camila estudie. Relatan que muchas veces no hay qué comer ni pasaje para ir al colegio. Se ven obligados a escoger entre un día sin nada en el estómago y el pasaje y las tareas. Mientras, el papá y la mamá van a bregar en busca del sustento para el otro día o algo que llevarse de comer a la boca en la noche.
La luchas por
no perder la identidad
En la provincia de Colón, los niños pierden totalmente sus acentos característicos de las diferentes regiones colombianas, unos más marcados que otros. Aquí se funden entre el cantito del colonense, una provincia ya con acentos mezclados producto de tanta migración afrocaribeña, y una mezcla de inglés y creole. Además, copian las expresiones propias de la costa caribeña panameña.
Para los NNA que atiende el SJR Panamá, copian esas características porque son bien recibidos, la gente es amable, y no es egoístas. Así definen a quienes cooperan con la estadía de ellos sin abusos, tal como lo dicen sus padres. Manifiestan que no hay muchos problemas para integrarse.
En la
Provincia de Colón, según informes del Ministerio Público, operan 42 pandillas,
en su mayoría en el distrito de Colón. En sus barrios viven muchos NNA que son
PNPI (Personas con necesidad de protección internacional) que consideran que
aun así viven con más tranquilad que en sus pueblos natales de Colombia. Además,
sus padres tienen trabajo en esta ciudad
portuaria y comercial.
Juan llegó a Panamá
pequeño, hoy tiene 17 años. Al preguntarle cómo está, contesta “estoy chilin”,
es decir, está tranquilo. No ha tenido problemas con sus estudios debido a que
su madre trajo la documentación de sus cursos en Colombia. Así que entró al
colegio sin complicaciones.
Juan vive en
Portobelo, un poblado histórico de la época colonial, en la provincia de Colón.
Es un sitio tranquilo, rodeado de monumentos y el mar. La pobreza rodea el
pueblo, pero su gente es rica en cariño para los extraños, así lo visualiza él.
Asiste a la escuela en
la mañana, en la tarde coopera con su padre como peón en una finca cercana.
Para poder ganarse el pan, “todos tenemos que cooperar en casa”. Valoran la
tranquilidad en la que viven, ve lejano aquellos días de miedo y zozobra que
vivían sus padres. Sí quiere ver Colombia, solo de visita, no para vivir, y
considera a Panamá como su segunda
patria.
Lo mismo piensa
Evelyn, que vino de dos años en una travesía por mar y tierra desde Pereira con
su madre. Ella mantiene ese acento propio de esa región porque, según explicó,
su madre no deja que lo pierda.
Al comienzo de 2015 viajó a conocer Colombia,
pero no se sintió en su patria, sabía que era de allí, sin embargo, a las dos
semanas quería regresar a Panamá. “Solo quiero ir a Colombia de visita”,
explica. Evelyn es refugiada, dice que en Panamá nunca había sentido
discriminación por su nacionalidad, contrario ahora que ante el aumento de las
migraciones, les recuerdan que es colombiana.| Los NNA solo quieren jugar, estudiar y ser felices. |
Para ella fue muy triste leer las peleas en las redes sociales entre panameños y extranjeros, no sabía qué bando escoger. Dice con ingenuidad: “soy de aquí y de allá”. Para ella, es comprensible la realidad de muchos de los migrantes, en especial de los colombianos que vienen a buscar protección, como su familia que vino en busca de seguridad y mejores días. Pero también dice ponerse en el zapato de los panameños, porque todo se ha puesto caro y a nadie le gusta que hablen mal de su patria. “Respeto y tolerancia es lo que falta a todos”, indicó.
Sin embargo, los que vinieron más grandecitos sí sueñan con visitar a su
patria o regresar.
Así lo sueñan cuatro hermanos que llegaron adolescentes y quieren regresar a su patria, aunque manifestaron que, a pesar de las limitaciones económicas que enfrenta su padre, vendedor de helados, ellos son felices en Panamá.
Así lo sueñan cuatro hermanos que llegaron adolescentes y quieren regresar a su patria, aunque manifestaron que, a pesar de las limitaciones económicas que enfrenta su padre, vendedor de helados, ellos son felices en Panamá.
El tercero de los hermanos (son dos niñas y dos varones) pudo formar
parte de Padrino empresario, un programa del Ministerio de Desarrollo Social
(MIDES), que es una alternativa para dar seguimiento a jóvenes adolescentes que
laboran para apoyar a sus familias, sin salirse del sistema escolar. Este
programa es monitoreado por trabajadores sociales del MIDES y para que se
garantice la seguridad del menor de edad trabajador.
Los hermanos Hurtado, debido a los constantes desplazamientos internos
en Colombia, Ecuador y luego en
Venezuela, no pudieron nunca culminar sus estudios o avanzar de grados, lo que
les dificultó su entrada a cursar estudios en un colegio. Además, su edad no
iba acorde con el grado.
Ellos entraron al IPER, hoy han avanzado cuatro niveles de estudio;
tenían deficiencia en escritura, lectura y matemáticas, ahora en cambio, pueden
realizar sus operaciones matemáticas, leen y escriben mejor.
Este logro escolar ha ayudado a su integración con otros chicos y en las
metas trazadas. Su arreglo personal, que anteriormente era descuidado, ha
mejorado un 100%.
La timidez la han dejado atrás. Ana María, la hermana mayor de las
niñas, dice que esto es porque su color en Panamá no es un problema. Ser
desplazados los ponía, además, en un estrato social que aquí en Panamá no
funciona.
Ella se siente discriminada cuando empieza a hablar y escuchan su
acento, pero culpa a sus paisanos porque muchas veces no respetan la patria que
los acoge. “Cuando empiezan a decir que Panamá es feo y todo es malo me alejo,
porque no tengo de qué quejarme y debo respetar”, explicó.
Los Hurtados viven en
un sitio área roja en Panamá, sin embargo, aseguran que es más fácil vivir allí
que en Soacha, Colombia.
Manifiestan que en
Panamá han tenido mayor oportunidad de avanzar y encontrar manos amigas que los
apoyen. Aunque hacen la salvedad de que su mayor dificultad es que su papá está
irregular, y a su hermano mayor, por ser un joven de 20 años, en la Oficina Nacional para la Atención al
Refugiado (ONPAR) no le dan seriedad a su trámite al exponer el caso.
José, un niño de 12
años, dice sentirse triste; tiene pocos meses de estar en Panamá, dejó a su
perrito Dester Eugenio en su país natal, Colombia. Su madre le dijo que se
quedaría por un corto tiempo en Panamá, pero el tiempo transcurre y él sigue en
un país dónde no termina de adaptarse
Para él, la única
culpable del viaje es su madre, que la persiguen unos hombre malos y eso le ha
traído problemas en Colombia. Señala que se le mintió al decirle que solo irían
de paseo y regresaban antes del cumpleaños, pero esto no fue así. Finalmente,
su madre le explicó que por seguridad se habían mudado del país, pero según él,
ya lo sospechaba.
A la madre se le pedía
vacuna por un pequeño Salón de Belleza que tenía como su medio de vida. José se
integra a una nueva escuela en Panamá mientras recuerda a los amigos de su
unidad residencial y los del colegio. En Panamá, le ha sido difícil conseguir
amigos en la escuela, en cambio donde vive actualmente ha podido integrarse a
sus vecinos para poder ser parte del equipo de fútbol.
En el país de origen
de estos dos menores de edad, ellos estuvieron encerrados en casa por casi un
año, sin poder asistir a clases; fue algo frustrante para Iván y Kevin, cuyos
padres tuvieron que viajar a Panamá, buscando seguridad ante la situación de
violencia que se vive en San Salvador.
Estos dos jóvenes eran amenazados, inclusive en sus planteles escolares, para ser reclutados por las pandillas de su país. Sus padres, ante esta situación, vendieron su vivienda y lo poco que tenían para empezar en un nuevo sitio con seguridad para sus hijos. Hoy, el mayor de los hermanos trabaja y asiste a una escuela nocturna para ayudar a sufragar los gastos de la casa. El menor fue becado por directivos de un colegio católico, así que empezó el año escolar sin contratiempos.
Muchos NNA buscan un espacio seguro para poder hacer amigos y compartir. Esto les ayuda a integrarse mejor a su nuevo país de acogida.
| Taller sobre buen uso de las redes sociales. |
Estos dos jóvenes eran amenazados, inclusive en sus planteles escolares, para ser reclutados por las pandillas de su país. Sus padres, ante esta situación, vendieron su vivienda y lo poco que tenían para empezar en un nuevo sitio con seguridad para sus hijos. Hoy, el mayor de los hermanos trabaja y asiste a una escuela nocturna para ayudar a sufragar los gastos de la casa. El menor fue becado por directivos de un colegio católico, así que empezó el año escolar sin contratiempos.
Muchos NNA buscan un espacio seguro para poder hacer amigos y compartir. Esto les ayuda a integrarse mejor a su nuevo país de acogida.
Campaña de hospitalidad
en las escuelas.
El 98% de los NNA que participan en los talleres del
SJR Panamá asisten a los centros escolares. Foto Armando Escapa
Conclusión
Cada una de estas
historias muestra a niños, niñas y adolescentes marcados por el dolor, con sus
avances y retrocesos mientras de adaptan a un entorno distinto al que estaban
acostumbrados, y aun así, han demostrado valentía para enfrentar la vida sin
mirar atrás, solo para hacer acopio de fuerzas que les dé esperanza de que todo
será mejor.
Así hacen frente a su
destino Fernando, Ana María, Chelsea,
José, Juan, Camila y cada uno de los menores de edad entrevistados. Así, con
tanta seguridad y fuerza en su voz que estremece, y más cuando hablan los NNA
más grandes, que han vivido tanto, y no les será tan fácil olvidar como los más
pequeños.Los NNA que llegan a nuestras oficinas muestran, así como sus padres, un gran deseo de seguir adelante, olvidar el pasado, mirar al futuro.
Sus rostros expresan
alegría y ganas de vivir, a pesar de que sabemos que existe una gran cortina de
humo que ensombrece su futuro en Panamá y en sus países.
Con los talleres
psicosociales, en redes sociales, blog, reforzamiento escolar y cultura de paz,
en cada proceso llevado a cabo por el SJR Panamá se ha podido visualizar
cambios y avances en los chicos. Desde mejorar su escritura, pasando por sus
boletines que registran el avance en sus calificaciones escolares porque hoy
saben sumar, restar, hasta llegar a lo más importante: su integración, y ya no
solo en el espacio seguro del SJR Panamá.
Ahora participan de
actividades en las parroquias o iglesias de su comunidad, están en equipos
deportivos y tienen grupos de amigos panameños. Ahora, no solo tienen a los
amigos hechos en los espacios del SJR, que fue difícil porque traían consigo
diferencias por la cultura regional, racial y religiosa que pudieron superar
allí.
Al acompañar y
defender los derechos de las NNA colombianos y de la región centroamericana, el
Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) apuesta a la vida, al futuro, a la
esperanza. A la posibilidad de construir una sociedad donde todos y todas,
independientemente de su estatus migratorio y su nacionalidad, tengan acceso a
sus derechos fundamentales sin discriminación. Una sociedad hospitalaria donde
los niños puedan desarrollarse sin contratiempo y con la calidad de vida que se
merecen.La educación de los Niños y niñas y adolescentes en situación de refugio, una tarea por resolver en Panamá.
Más de la mitad de la población de refugiados que acompaña el SJR Panamá
son niños. Los niños refugiados son, en primer lugar y antes que nada, niños y,
como niños, necesitan una atención especial. Como refugiados, están
particularmente expuestos a los riesgos que conllevan la inseguridad y los
cambios bruscos que viven en su huida del país de origen que marcan con
intensidad creciente la etapa posterior de su vida. El acompañamiento a esta
población, no debe ser opcional, es fundamental su atención y protección.
El SJR Panamá, dirige programas a la población infantil en situación de
refugio en la ciudad de Panamá, Colón, y
en su momento en Darién. A través de cuatro años de acompañamiento constante,
hemos podido entender la situación de esta población, cuáles son sus
necesidades, sus problemas y sus deseos.
La educación es un derecho universal de todos los niños. Sin embargo el
ejercicio pleno de este derecho para los NNA en situación de refugio que viven
en Panamá, todavía no ha sido alcanzado. El ingreso a la escuela para un
refugiado es relativamente fácil, sin embargo la continuidad y permanencia es
un camino largo y frustrante. El
Ministerio de Educación requiere a los estudiantes extranjeros, presentar los
títulos y acreditaciones escolares del país de origen originales apostillados
para poder avanzar el año. Muchas niñas y niños, no cuentan con estos
documentos, ya que el hecho de la huida no da el tiempo a los padres de
procurárselos. El camino a la
conquista de este derecho depende de la decisión de las autoridades
competentes, que se decidan a dar un paso tan simple como el de adoptar una
normativa que provea de un examen de nivelación para definir el año de ingreso
al centro educativo.
El poder cursar
estudios superiores es muy difícil, la deserción es alta y la necesidad de
procurar recursos a sus casas, hace que los niños ingresen al mercado
laboral. Allí quedan expuestos a
diferentes tipos de abusos, que muchas veces
comprometen su integridad física, sobre todo las niñas, ya que se
encuentran en un proceso de crecimiento y desarrollo que depende, en buena medida, de las condiciones de su entorno y de la protección
de los adultos para que dicho proceso sea adecuado. En este sentido, es
importante reconocer, en todos los ámbitos familiar, comunitario, nacional, que
las niñas y los niños son personas cuyos derechos deben ser respetados y
promovidos, y que necesitan ser protegidos de toda forma de abuso y explotación.
Otro tema muy importante se vincula al estatus migratorio de las niñas y
niños. Cuando el estado rechaza la
solicitud de la condición de refugiado a una familia, sus integrantes quedan en
un limbo legal y deben buscar una alternativa migratoria para la
regularización. Pero, el esfuerzo por legalizarse no es conseguido por todos.
La falta de una categoría migratoria que facilite la regularización de estas
familias es el primer obstáculo. Por lo tanto las niñas, niños y adolescentes
quedan indocumentados y así viven su infancia; al llegar a la mayoría de edad
quedan en situación de extrema vulnerabilidad y hasta pueden ser deportados.
La iniciativa de hacer un informe de la situación de los niños en
situación de refugio, surge del deseo del equipo del Servicio Jesuita a
Refugiados Panamá de compartir el contexto en el que viven los niños, niñas y
adolescentes (NNA) solicitantes y refugiados con los que compartimos el día a
día. Es fruto de la compilación de experiencias recogidas en el trabajo
cotidiano de nuestras oficinas, trabajo de campo, de la información que brindan
los relatos de los padres de los NNA solicitantes y refugiados, informaciones
periodísticas, fuentes oficiales, materiales de consulta e investigaciones en
el campo y entrevistas realizadas a las autoridades y sobre todo las voces de
cada niña, niño y adolescente al que hemos acompañado.
Bibliografía
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Panamá 2014.”. Disponible en:
http://www.revistahumanum.org/blog/indice-de-desarrollo-humano-panama-2014/
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nombre”. Noticia emitida el
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La Estrella. “Zulay Rodríguez: Los migrantes no tramitan permisos para
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La Prensa. “MEF: Economía de Panamá creció 5.9% en el
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http://www.prensa.com/economia/MEF-Economia-Panama-primer-trimestre_0_4232576947.html#sthash.CxGf756i.dp
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La Prensa. “Formalizan petición de deportación para venezolanos”. Noticia
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TVN2. Hallan a dos menores de Nepal y Ghana en la selva darienita. Noticia emitida el 29 de diciembre de 2014. http://www.tvn-2.com/nacionales/Hallan-menores-Nepal-Ghana-darienita_0_4106589429.html
[3] Comparar La Estrella. Tema de búsqueda: Crisol de Razas vuelve, pero
con nuevo nombre. Consulta Electrónica.
[4] Comparar La Estrella. Tema de
búsqueda: Prefieren extranjeros para no pagar seguro. Consulta Electrónica.
[5] Comparar La Estrella. Tema de
búsqueda: Zulay Rodríguez: Los migrantes no tramitan permisos para esperar la
feria. Consulta Electrónica.
[6] Comparar La Prensa. Tema de búsqueda: Xenofobia caldea el debate en la
Asamblea Nacional. Consulta Electrónica.
[7] Comparar La Prensa. Tema de búsqueda:
Formalizan petición de deportación para venezolanos. Consulta Electrónica.
[8] Comparar El Mundo. Tema de búsqueda: Desarticulan
banda criminal dedicada a la trata de personas. Consulta
Electrónica
[11] Comparar Blog Humanum. Tema de búsqueda: Informe Índice
de Desarrollo Humano Panamá 2014. Consulta Electrónica
[12] Panamá en su legislación migratoria no plantea
la deportación a menores de edad.
[13] Comparar TVN2. Tema de
búsqueda: Hallan a dos menores de Nepal y Ghana en la selva darienita. Consulta
Electrónica










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